Qué cambió con la reforma de 2021
La reforma en materia de subcontratación de 2021 modificó el marco bajo el cual una empresa puede recibir personal de un tercero. En términos generales, prohibió la subcontratación de personal y dejó permitida la prestación de servicios especializados u obras especializadas que no formen parte del objeto social ni de la actividad económica preponderante de quien contrata. La limpieza suele encuadrar en ese supuesto para una empresa cuyo giro es otro.
La consecuencia práctica más visible fue el REPSE: el Registro de Prestadoras de Servicios Especializados u Obras Especializadas que administra la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, previsto en el artículo 15 de la Ley Federal del Trabajo. Debe registrarse quien pone trabajadores propios a disposición de un contratante; el registro tiene vigencia de tres años y debe renovarse.
Para quien contrata, el punto relevante es que la validez de ese registro tiene efectos fiscales: el gasto con un proveedor que debía estar registrado y no lo está puede no ser deducible. Por eso las áreas de compras lo piden como requisito de alta y no como trámite posterior. Esta guía describe el panorama general; la aplicación a tu caso concreto la debe confirmar tu contador o tu abogado.
Comparación de los tres esquemas
| Aspecto | Proveedor formal (personal en su nómina) | Independiente o por app | Contratación directa |
|---|---|---|---|
| Quién es el patrón | El proveedor. Contrata, da de alta y responde por su personal. | Ambiguo. La plataforma suele presentarse como intermediaria. | Tú. Con todas las obligaciones que eso implica. |
| Seguridad social | A cargo del proveedor, acreditable antes del arranque. | Frecuentemente inexistente; conviene verificarlo caso por caso. | A tu cargo: alta ante el IMSS y prestaciones de ley. |
| Si falta la persona | El proveedor cubre el relevo. | Buscas reemplazo o te quedas sin servicio ese día. | Tu problema: cubrir o parar el servicio. |
| Accidente dentro del inmueble | Responde el proveedor conforme al contrato y su cobertura. | Zona de riesgo: sin patrón formal, la exposición tiende a quedarse contigo. | Tuyo, como patrón, incluido el riesgo de trabajo. |
| Equipo especializado | Incluido según el alcance: pulido, lavado mecanizado, alturas. | Limitado a lo que la persona pueda trasladar. | Lo compras o lo rentas tú. |
| Costo visible por hora | El más alto de los tres: incluye carga social, supervisión, insumos y equipo. | El más bajo, y el más volátil cuando se suman imprevistos. | Intermedio, sin contar el costo administrativo interno. |
Los riesgos operativos que no aparecen en la comparación de precio
Discontinuidad
Es el más frecuente y el más caro en tiempo. Con personal independiente, la ausencia se convierte en gestión tuya el mismo día, y la rotación te obliga a re-explicar el inmueble cada pocas semanas.
Ausencia de supervisión
Sin un tercero que revise, la evaluación de calidad recae en quien ya tiene otro trabajo: el gerente de oficina o el administrador. En la práctica eso significa que solo se detecta lo que alguien se queja.
Sin respaldo ante daños
Un derrame sobre equipo, un piso dañado por producto equivocado o un cristal roto se vuelven una negociación personal en lugar de un procedimiento con respaldo documental.
Verificación de antecedentes
En inmuebles con acceso a información sensible o a domicilios particulares, quién entra importa tanto como qué tan bien limpia. Con contratación informal, esa verificación rara vez existe.
Cuándo cada esquema es razonable
No todos los casos piden lo mismo, y decir lo contrario sería vender. Para una limpieza puntual de un departamento, o para una casa donde alguien puede estar presente y supervisar, contratar directo a una persona de confianza es perfectamente razonable y suele ser lo más económico. El riesgo existe, pero es acotado y el contratante lo administra de cerca.
El cálculo cambia cuando el inmueble se usa todos los días, cuando hay terceros —empleados, residentes, clientes— circulando, cuando hay un consejo o una asamblea a quien rendir cuentas, o cuando el gasto tiene que ser deducible y auditable. Ahí el esquema formal deja de ser un lujo y se vuelve la opción que cuesta menos en el escenario malo.
Si estás evaluando el cambio de un esquema a otro, conviene revisarlo con tu contador antes de decidir, sobre todo por las implicaciones fiscales de la deducibilidad. Nada de lo escrito aquí sustituye esa consulta.