Edificio viejo, reglas nuevas
Buena parte del parque inmobiliario de la Condesa y la Roma es de principios y mediados del siglo pasado: edificios art déco, casonas divididas en departamentos, inmuebles catalogados. Eso trae particularidades reales. Muchos no tienen elevador, lo que cambia por completo el esfuerzo de subir equipo a un cuarto piso. Los pisos suelen ser de duela, mosaico o pasta, materiales que no se tratan como un porcelanato: la duela se arruina con exceso de agua y el mosaico de pasta pierde el sellador si se usa químico agresivo.
Es el tipo de detalle que distingue a alguien que conoce la zona de alguien que solo llegó a limpiar. Un piso de pasta mal tratado no se recupera con otra limpieza; hay que rehacerlo.
La calle es el otro reto
Estacionarse en Condesa o Roma para cargar y descargar equipo es de las cosas más complicadas de la ciudad, entre parquímetros, tráfico lento y calles arboladas estrechas. Para servicios grandes se coordina el acceso vehicular con anticipación y se prefieren horarios tempranos. Para limpieza recurrente de departamento, el personal llega con lo indispensable y el resto del insumo permanece en el domicilio, que resulta lo más práctico.
El arbolado, que es lo mejor de estas colonias, también genera trabajo constante: hojarasca en patios, azoteas y coladeras, especialmente en temporada de lluvias, cuando una coladera tapada se convierte en una filtración.
Qué se pide más
Limpieza de departamento recurrente y limpiezas profundas de entrega —la zona tiene mucha rotación de inquilinos y bastante operación de renta temporal, donde la limpieza entre estancias tiene que ser rápida y consistente—. También oficinas pequeñas y estudios creativos, que suelen requerir dos o tres visitas por semana en vez de personal de planta.
Y restaurantes: la densidad gastronómica de estas colonias es alta y genera demanda constante de desengrase de cocina, limpieza de trampas de grasa y mantenimiento de terrazas y fachadas, casi siempre en horario de madrugada.